En los ojos de una bicicleta. DÍAS 5 y 6
15 de abril.
Lo que los ojos de mi bicicleta vieron los días 5 y 6 de este viaje fue bastante diferente de los días anteriores.
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La diferencia principal es que el 15 de abril -el quinto del viaje- los ojos de Karla empezaron a ver desde la altura diversas playas, islas e islotes del golfo de Nicoya.
Pero antes de esto, el amanecer en playa Blanca nos regaló una luna menguante que igualmente desde lo alto colgaba sobre las luces de Caldera en el extremo opuesto del golfo.
Al rato, esa misma luna se desvaneció detrás del resplandor del sol que se la tragó sin prisas y sin pausas.
Luego de prepararnos un desayuno ligero Karla y yo tomamos el rumbo hacia playa Negra por el lado de Gigante.
Eso sí, muy poco después, empezamos a subir despacio, muy despacio.
Al trepar cerros de entre 100 o 150 metros de altura, una parte del golfo de Nicoya se nos abrió desde arriba, desde el cielo.
La Karlilla me dijo que quería una foto de ella posando con la isla Gitana al fondo. Así que la complací.
Luego descendimos, y temprano a las ocho de la mañana estábamos el playa Negra.
La distancia entre playa Blanca y playa Negra es de solo 4 kilómetros. Hay que sudar y agitarse un poquito, pero bien vale la pena por las llamativas vistas que ofrece este trayecto.
En playa Negra encontré una zona de campamento que ofrece algunas facilidades básicas; así que ahí instalé mi toldo-refugio y me dispuse a gastar el dia y la noche en ese lugar.
Playa Negra es un lugar bastante tranquilo. Hay un restaurante, pero ni la atención, ni la comida y mucho menos los precios son razonables.
Aún así, en la noche me metí a ese restaurante para tomar una cerveza.
La cosa es que uno de los pescadores del lugar se acercó y empezó a conversar conmigo. Vi que quería tomarse una birra, así que lo invité.
La cosa es que uno de los pescadores del lugar se acercó y empezó a conversar conmigo. Vi que quería tomarse una birra, así que lo invité.
Fue una bonita conversación que se extendió más a allá de dos o tres botellas.
El hombre resultó más chavista que Chaves y yo estuve tratando de entender qué hace que un pescador termine involucrado en esa secta. Me contó que estaba muy entusiasmado porque en el pueblo organizaban el viaje en bus para ir a la toma de posesión de Laura Fernández y que ese mismo día le presentarían un pliego con varias peticiones de ayuda para la comunidad. A mi entender, esto muestra parte de la clave por la cual la gente de las costas se hace chavista hasta el tuétano.
Esa noche yo también, hasta el tuétano, con unas cervecillas entre pecho y espalda me fui a dormir a mi refugio en la playa.
16 de abril.
A pesar de lo tarde que me acosté la noche anterior por causa de mi amigo chavista, tempranito como un Boy Scout bien disciplinado recogí el campamento y quedé siempre listo para darle a los pedales hasta Paquera, a 20 kilómetros de donde me encontraba.
No preparé ningún desayuno.
Al contrario, con las alforjas acomodadas en la bici esperé el amanecer que ocurriría al lado derecho de la isla guayabo.
Luego, un último vistazo a la playa Negra y adiós.
Al dejar playa Negra fui directo a la Ventanita de Katia, una joven mujer que tiene una sodita súper linda y de precio al alcance del tico promedio que no es visto como si fuera gringo de billetera gorda en dólares.
Le dije a Katia que quería un desayuno que me sustentara porque iba para Paquera: ¡Fue el mejor desayuno del viaje!
Con la panza llena y el corazón contento abandoné playa Negra. Retomé la ruta 160 que había abandonado el día 1 en Bajo Negro y seguí subiendo un poco más.
En Río Grande, un pueblo que empieza a mostrar una actividad comercial importante, decidí abandonar de momento la ruta 160 y dar una vuelta rápida por las playas Pájaros y Lola.
Quizá porque ya estaba un poco cansado luego de seis días de pedales, playa Pájaros no me dio buena espina. Una vibra extraña se apoderó de mí.
Seguí, entonces, hacia playa Lola.
Después volví a la ruta 160 y antes del mediodía Karla y yo llegamos a Paquera para abordar el ferry rumbo a Puntarenas.
En resumen, fueron seis días de muchos paisajes bonitos y encuentro con personas buenas que la pulsean como pueden.
Este viaje de exploración valió la pena y recomiendo esta ruta a cualquier persona con una bicicleta y unas alforjas.
Como lo he dicho en otras ocasiones:
Si un roco de 72 años puede con esto, usted también.
Gracias por su compañía.
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Por si desea repasar el viaje:
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