Un viaje en bicicleta al año 1529. DÍA 4 Y FINAL.

Cuando Gonzalo Fernández de Oviedo exploró en 1529 el golfo de Nicoya, describió en su Historia Natural y General de las Indias la gran cantidad de animales, plantas y riqueza natural que vio, tanto en sus costas e islas, como en tierra firme.

Pero, la abundancia de animales que menciona con más detalle son los venados. Fernández de Oviedo los llama ciervos.

De los venados dice que son tantos y tantos ciervos que no se pueden agotar.

Asomémonos a un párrafo del capítulo XIX:

"En la Tierra Firme, en muchas partes della, (...) hay muchos ciervos (...)  e los indios señores e principales son grandes monteros, e los corren e montean e matan con lanzas e ojeos, e con flechas e también con cepos e otras maneras. E se prescian de tener muchas cabezas de tales animales en sus plazas e casas (...)  e en cada caña ponen cabezas destos animales con sus cuernos, a demostración de Estado. (...)

 Y caso que algunos indios e señores sean monteros, hay tantos y tantos ciervos, que no se pueden agotar, (...) En el golfo de Orotiña hay islas y todas ella tienen muchos ciervos".

Pero el mundo gira y gira. 

Los venados fueron cazados masivamente durante décadas. Ya para 1995 se les declaró símbolo nacional. Y aunque se reintrodujeron posteriormente en la isla de San Lucas, aún hoy son tenidos como animales en peligro de extinción. 

Fernández de Oviedo jamás imaginó  un día en que los venados de las islas del golfo de Nicoya estuvieran a punto de poderse agotar.

Algunas islas del golfo de Nicoya.



El 10 de diciembre del 2025 en Punta Morales me desperté descansado, sin sentirme agotado a pesar de la paliza del día anterior

Luego de prepararme un desayuno, salí a dar una vuelta a Playa Blanca.

Ahí se nota que varios vecinos de esta comunidad han hecho un esfuerzo por mantener limpia la playa y atraer turismo al lugar. De hecho, vale la pena conocer Playa Blanca.

Karla rumbo a Playa Blanca.








Pero mi objetivo del día era avanzar hacia Abangaritos donde Oviedo permaneció en la ensenada del lugar mientras escribía sus observaciones y delineaba el contorno del golfo de Nicoya creando así el primer mapa del que se tenga noticia en esa parte de nuestro país.


En consecuencia, me despedí de Playa Blanca y me dirigí a Costa de Pájaros.

En el poco tiempo que estuve ahí noté tres cosas:

  1. Mientras compraba algo en una pulpería escuché a unos vecinos hablar de la inseguridad en el lugar por causa de pleitos entre personas que se dedican al narcomenudeo. Balazos incluidos.

  2. Más adelante, observé bastantes lugares de culto de sectas evangélicas. Algo muy llamativo en un pueblo tan pequeño. Incluso, en una soda conversé brevemente con dos indígenas guatemaltecos de Xelajú que andaban en misión.

  3. Ahora que se acercan las elecciones, en los árboles en varias casas vi banderas. Todas ellas del partido chavista PPSO. 
En este trayecto confirmé una vez más cómo algunas costas de nuestro país han sido tomadas por el narcomenudeo, las sectas evangélicas y el chavismo. Señales todas ellas de lo que sucede cuando el Estado desaparece, se agota o se extingue.

Desde mi punto de vista estoy de acuerdo de que el Estado de derecho, sus instituciones y la democracia misma en Costa Rica se han venido agotando. ¡Urgen reformas a fondo!

Pero, solo el tiempo dirá si los ticos logramos superar esta crisis y evolucionar hacia algo mejor; o nos estancamos -como ha ocurrido en varios países de la región- en una espiral de violencia, corrupción y pobreza sin solución.

Por supuesto, también encontré en estos lugares a buenas personas. En honor a la verdad debo decir que en todas partes recibí gran simpatía y buena voluntad con quienes me acerqué para comprar algo o pedir información.

No obstante, si hemos visto desaparecer gran parte de la riqueza biológica de un golfo que en su tiempo Fernández de Oviedo consideró inagotable, también es posible que veamos desaparecer la Costa Rica sin ejército, la de oportunidades y de educación que conocimos.

Con esos sentimientos dejé Costa de Pájaros y seguí hacia playa Camarita y luego a Manzanillo. 

Playa Camarita.

En Manzanillo.

Finalmente, alcancé Abangaritos y desde ahí me dirigí a la ensenada, pasando antes por un lugar con árboles de gran sombra y solaz.




Llegué a la ensenada y vi que es perfecta debido a su inexistente oleaje y la suficiente profundidad que permitía que las carabelas acercarse bastante a tierra firme.

Ubicación de la ensenada de 
Abangaritos.









El total recorrido de Punta Morales a la ensenada fue de unos 25 kilómetros.

Sumando las cuatro etapas desde Heredia hasta Abangaritos, el kilometraje acumulado fue de 175 kilómetros.

Al llegar a la ensenada donde Fernández de Oviedo escribió una parte de su relato, terminamos este viaje usted, Karla y yo.

Muchas gracias por su atención y compañía.




























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