Un viaje en bicicleta al año 1529. DÍA 1.
Cuenta la historia que en 1529 el explorador español Gonzalo Fernández de Oviedo llegó con su carabela muy al fondo del Golfo de Nicoya.
Allí encontró una ensenada donde decidió atracar durante un mes mientras escribía sus observaciones acerca de la naturaleza del golfo y cartografiaba sus costas.
La ensenada se esconde en las cercanías del actual Abangaritos, un lugar habitado por gente amable y locuaz que ha construido un pequeño poblado.
Ahí, casas bonitas y sencillas riman con la infaltable plaza de fútbol y su iglesita. Un cementerio con poca ocupación no está lejos de una pulpería esquinera que hace las veces de parada de buses. Buses que cuando llegan desde Puntarenas dan la vuelta al frente de la pulpería y regresan al Puerto con unos cuantos pasajeros.
A ese lugar que no conocía decidí darme una vuelta para observar la ensenada.
Pero antes de partir alisté a Karla, mi bicicleta plegable. Le compré una cadena nueva. Le di una bañada a fondo. La rejuvenecí con unas gotas de lubricante por aquí y por allá; más un chineo de ajustes básicos y lista la muchacha.
El 7 de diciembre salimos temprano desde Heredia rumbo hacia Orotina.
Ese día nos vieron pasar por Alajuela, la represa de La Garita, Atenas, el monte del Aguacate, San Mateo y Orotina.
En La Garita paré un momento a descansar.
Estando ahí llegó una pareja de jóvenes en una moto. El muchacho me pidió que le tomara una foto a él y a su novia. Luego me sugirió que si yo quería me devolvería el favor.
Aquí está el resultado.
A partir de la represa de La Garita la ruta se torna algo pesada porque hay que pedalear cuesta arriba durante 16 kilómetros hasta alcanzar la cima del Aguacate. Es un trepón de 650 metros con algunas pendientes de hasta 14 % de inclinación. Luego se baja casi como en moto hasta Orotina. De La Garita a Orotina hay 31 kilómetros.
Ese primer día el total recorrido desde Heredia hasta Orotina fue de 60 kilómetros.
Me parece que esta es la tercera o cuarta vez que repito dicha ruta en bicicleta. La primera vez fue hace seis años y llegué reventado a Orotina. Ahora, aunque estoy un poco más roco, rindo más. Por eso, antes de emprender estos viajes de pedales es importante entrenar y alimentarse bien.
Volviendo a la ruta, aunque para mí es trillo conocido siempre se encuentra uno nuevas vistas que le obligan a parar y disparar una que otra instantánea.
que el camino no es solo para los vehículos.
un emprendimiento.
hasta Orotina.
¿Que hace por estos lados una bici de esas que llaman "panaderas", pintada así tan de rosado, coqueta y florida?
Paré y resultó que mordí el anzuelo.
Ahí decidí almorzar una empanada de queso con aguadulce que me dio el impulso final para llegar a mi destino de ese día.
Heredia-Orotina.
Aquí le cuento cómo me fue.

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Muy linda la historia Rohanny. Seguramente ya conocés muchas mañas para recorrer y sobrevivir a esas rutas. ¡Felicitaciones! Yo alguna vez fui “ciclista” exploradora y nunca hice más de 40 kilómetros diarios. Vos estás bárbaro con esos trayectos. 👍🏾
ResponderEliminarMuchas gracias por el comentario.
EliminarSí, con el tiempo uno se va haciendo algo mañoso.
Pero casi todo se reduce a ir despacio, sin prisa, llevando la fiesta en paz.
Saludos.